Crónica.
Desde que llegamos a la cancha sabíamos que el reto no sería fácil. El equipo rival tenía fama de ser uno de los mejores y muchos pensaban que el resultado ya estaba decidido antes de que iniciara el partido sin embargo nosotras entramos con la ilusión de demostrar que también podíamos competir.
El primer set fue difícil aunque luchamos cada punto, los nervios y la experiencia de nuestras rivales hicieron la diferencia. Aun así, no dejamos que ese resultado nos desanimara. Durante el descanso nos miramos unas a otras y nos prometimos darlo todo hasta el final en el segundo set.
Cuando comenzó el segundo set algo cambió. Jugamos con más confianza, nos apoyamos en cada jugada y celebramos cada punto como si fuera el último. Poco a poco el marcador se fue igualando y la esperanza de ganar este set empezó a crecer. Sentíamos que si era posible vencer a un equipo de tanto nivel.
El final fue emocionante; ninguno de los dos equipos quería ceder la ventaja y cada punto era una batalla. La tensión se apoderó de la cancha y de quienes observaban el partido. Al final, después de un gran esfuerzo , perdimos el set por apenas dos puntos de diferencia.
Cuando sonó el silbato final, la tristeza fue inevitable. Estuvimos muy cerca de lograr algo que parecía imposible. Sin embargo, más allá de la derrota, ese partido nos dejó una gran enseñanza: el esfuerzo, el trabajo en equipo y la perseverancia pueden llevarnos a competir de igual a igual contra cualquier rival.
Aunque el marcador no estuvo a nuestro favor salimos de la cancha con la frente en alto, convencidas de que las derrotas también enseñan y de que algún día esos dos puntos estarán de nuestro lado.
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